Ciencias del comportamiento para un mejor Estado: la apuesta de Carlos Naranjo al Senado

Durante décadas, la política colombiana ha insistido en la misma receta: más leyes para corregir conductas. El resultado está a la vista. Un país con normas abundantes, cumplimiento irregular y una brecha persistente entre lo que se legisla y lo que realmente ocurre en la calle. Carlos Naranjo, psicólogo y magíster en economía —Candidato al Senado con el número 92 de la Coalición Ahora Colombia, para el período 2026-2030—, propone un giro de fondo: menos legislación simbólica y más cultura ciudadana basada en ciencias del comportamiento.

La idea es simple y respaldada por evidencia: los comportamientos no cambian solo porque exista una ley. Cambian cuando el entorno, los incentivos y la información están bien diseñados. Ahí es donde la política colombiana ha fallado y donde existe una oportunidad clara para innovar desde el Congreso.

Cultura ciudadana antes que inflación normativa

Naranjo defiende que muchos de los problemas cotidianos —evasión de impuestos, imprudencia vial, incumplimiento de normas básicas de convivencia— no son fallas morales individuales, sino fallas de diseño institucional. Se legisla como si las personas fueran perfectamente racionales, informadas y disciplinadas. No lo son.

Las ciencias del comportamiento parten de una premisa distinta: los seres humanos deciden con información incompleta, bajo presión del contexto y usando atajos mentales. Ignorar esto lleva a políticas ineficaces. Incorporarlo permite diseñar intervenciones más baratas, más rápidas y más efectivas que crear nuevas leyes o aumentar sanciones.

Una oportunidad desaprovechada en Colombia

En países como Reino Unido, Estados Unidos o Australia, las unidades de comportamiento ya hacen parte del Estado. Se usan para mejorar el pago de impuestos, reducir accidentes de tránsito, aumentar la donación de órganos o prevenir enfermedades. En Colombia, su uso es marginal y fragmentado.

Para Naranjo, este vacío no es técnico sino político. Falta liderazgo que entienda el potencial de estas herramientas y las lleve al centro de la formulación de políticas públicas. Desde el Senado, su propuesta es clara: impulsar un enfoque conductual transversal en el Estado, que complemente —y en muchos casos reemplace— la obsesión por regularlo todo.

Marketing, publicidad y “empujoncitos” bien diseñados

Carlos Naranjo no llega a esta visión solo desde la academia. También es publicista y trabaja en marketing, un campo que, desde hace décadas, aplica principios conductuales para influir en decisiones y hábitos. La publicidad entiende algo que la política suele ignorar: las personas no cambian a largo plazo por imposición, cambian por persuasión.

El marketing, al igual que las ciencias del comportamiento, trabaja con pequeños empujones, señales sutiles y mensajes estratégicos que facilitan elecciones deseables. No se trata de manipular, sino de diseñar contextos que hagan más fácil hacer lo correcto. Trasladar esta lógica al Estado es una decisión pragmática, no ideológica.

Evolución, comportamiento y ciudades modernas

Otro rasgo poco común en la política es el interés de Naranjo por la teoría de la evolución darwiniana. Lejos de ser una curiosidad académica, este enfoque permite entender un problema central del mundo moderno: nuestros comportamientos evolucionaron para entornos muy distintos a las grandes ciudades actuales.

Muchos sesgos, impulsos y reacciones que hoy generan conflictos —agresividad vial, desconfianza, cortoplacismo— fueron adaptativos en otros contextos. El desfase entre esos mecanismos evolutivos y la vida urbana explica buena parte de las dificultades de convivencia. Diseñar políticas sin tener en cuenta este desfase es legislar a ciegas.

Sesgos, heurísticas y política preventiva

Los sesgos y las heurísticas son atajos mentales que usamos a diario para decidir rápido. No son errores; son herramientas cognitivas inevitables. El problema es que, mal gestionados, pueden aumentar accidentes, enfermedades y conflictos sociales.

Aplicados con criterio, estos mismos principios pueden salvar vidas. Mensajes que apelan a normas sociales para reducir accidentes, recordatorios oportunos para mejorar adherencia a tratamientos médicos, o cambios en la forma de presentar información pública para reducir confrontación política. Todo esto ya funciona. Falta voluntad para escalarlo.

Una candidatura atípica, una agenda necesaria

La candidatura de Carlos Naranjo al Senado no gira en torno a promesas grandilocuentes ni a reformas abstractas. Se centra en algo más básico y más difícil: cambiar comportamientos de forma inteligente. Apostar por cultura ciudadana, diseño conductual y evidencia científica no es una moda; es una necesidad.

En un país cansado de leyes que no se cumplen, la propuesta es directa: entender cómo decidimos, cómo actuamos y cómo convivimos. Y desde ahí, construir un Estado que funcione mejor, no porque castigue más, sino porque diseña mejor. Más información sobre la candidatura de Carlos Naranjo al Senado de Colombia en el sitio web www.carlosnaranjo.co


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