Tres costos económicos que nuestra psicología no ve pero la economía sí

Todos los días tomamos decenas de decisiones económicas sin darnos cuenta de que lo son. Quedarnos viendo una serie mala hasta el final, terminarnos un plato que ya no nos está gustando, pedir «una porción más» en un buffet, seguir invirtiendo tiempo en un trabajo, una relación o un negocio que ya no tiene sentido: todo eso tiene nombre en la teoría económica, y casi nadie lo piensa en esos términos.

En este artículo queremos hablarles de tres conceptos que consideramos en C3 – COLEGIO DE CIENCIAS DEL COMPORTAMIENTO de los más poderosos y, al mismo tiempo, más ignorados de toda la economía: el costo de oportunidad, los costos hundidos y el costo marginal. No son solo teoría de manual. Son herramientas para pensar mejor, decidir mejor y, sobre todo, para dejar de engañarnos a nosotros mismos.

Por qué nuestro cerebro no está diseñado para esto

La economía parte de un supuesto incómodo: los recursos son escasos. No solo el dinero, también el tiempo, la energía y la atención. Y si los recursos son escasos, cada vez que elegimos algo estamos renunciando a otra cosa.

El problema es que nuestro cerebro no está diseñado para pensar así. Como psicólogo y como economista, esto me parece fascinante: tenemos categorías mentales completas —dinero ya gastado, tiempo ya invertido, esfuerzo ya dedicado— que la teoría económica dice que deberían ser irrelevantes para decidir hacia adelante, y sin embargo son las que más pesan en nuestras decisiones. Vamos a desarmarlas una por una.

1. Costo de oportunidad: lo que dejamos sobre la mesa

El costo de oportunidad es el valor de la mejor alternativa que dejamos de elegir cuando tomamos una decisión. No es lo que pagamos. Es lo que dejamos sobre la mesa.

Aquí está el punto que casi nadie entiende: hasta las decisiones que no cuestan dinero tienen un costo. Si decidimos pasar el sábado completo viendo una plataforma de streaming, no gastamos ni un peso, pero sí gastamos algo: las cuatro o cinco horas que pudimos haber usado para adelantar un proyecto, hacer ejercicio, estar con la familia o descansar de verdad. Ese tiempo tenía un mejor uso alternativo posible, y renunciamos a él. Eso es el costo de oportunidad.

2. Costos hundidos: por qué el pasado no debería decidir por ti

El segundo concepto es el costo hundido: todo el dinero, tiempo o esfuerzo que ya invertimos en algo y que, pase lo que pase de ahora en adelante, no podemos recuperar. La regla de oro de la economía es simple pero difícil de aceptar: un costo hundido no debería influir en absoluto en tu decisión futura. Lo único que importa, de aquí en adelante, es comparar los costos y beneficios de las opciones que tienes disponibles hoy.

Esto tiene nombre en psicología: la falacia del costo hundido, profundamente ligada a la aversión a la pérdida y a nuestra necesidad de justificar las decisiones pasadas, incluso ante nosotros mismos. Nadie quiere sentir que «perdió» ese tiempo o ese dinero, así que seguimos invirtiendo más para no tener que aceptar la pérdida anterior. Es una manera de proteger el ego, no el patrimonio.

3. Costo marginal: el precio real de «uno más»

El tercer concepto es el costo marginal: cuánto cuesta producir, comprar o consumir una unidad adicional de algo, ni una más ni una menos. No es el costo promedio, ni el costo total. Es el costo de ese paso extra específico.

Nuestro cerebro tiende a pensar en promedios (aunque somos malos para calcularlos) y en totales, no en márgenes. Preguntamos «¿cuánto me cuesta el negocio?» en lugar de «¿cuánto me cuesta específicamente producir uno más?». Esa diferencia cambia decisiones completas: precios, descuentos, horas extra de trabajo, si vale la pena aceptar un cliente adicional o quedarse despierto una hora más estudiando. La pregunta correcta casi siempre es marginal, no promedio.

Cómo se conectan los tres en una sola decisión

Supongamos que alguien lleva tres años en un trabajo que ya no le apasiona. El dinero, el tiempo y el esfuerzo que ya invirtió ahí son costos hundidos: no deberían pesar en la decisión de quedarse o irse. Lo que sí debería pesar es el costo de oportunidad: ¿qué otra cosa podría estar haciendo con su tiempo y su talento si se fuera? Y finalmente, la decisión de quedarse «un mes más» o «un proyecto más» hay que evaluarla en el margen: ¿qué gana específicamente con ese mes adicional, comparado con lo que le cuesta específicamente ese mes adicional? No lo que ya invirtió en total. Lo próximo, nada más.

Estos tres conceptos, bien entendidos, no son solo teoría económica. Son un antídoto contra decisiones tomadas por orgullo, por inercia o por miedo a admitir una pérdida pasada. Pensar en costo de oportunidad, en costos hundidos y en costo marginal es, literalmente, aprender a pensar hacia adelante.

¿Quieres verlo también en video? Aquí lo desarrollamos con más ejemplos en el canal de YouTube de C3 — COLEGIO DE CIENCIAS DEL COMPORTAMIENTO. Suscríbete y déjanos tu comentario: cada semana desarmamos, desde la economía y la psicología, las trampas que nuestra propia mente nos tiende.

Ciencias del comportamiento para un mejor Estado: la apuesta de Carlos Naranjo al Senado

Durante décadas, la política colombiana ha insistido en la misma receta: más leyes para corregir conductas. El resultado está a la vista. Un país con normas abundantes, cumplimiento irregular y una brecha persistente entre lo que se legisla y lo que realmente ocurre en la calle. Carlos Naranjo, psicólogo y magíster en economía —Candidato al Senado con el número 92 de la Coalición Ahora Colombia, para el período 2026-2030—, propone un giro de fondo: menos legislación simbólica y más cultura ciudadana basada en ciencias del comportamiento.

La idea es simple y respaldada por evidencia: los comportamientos no cambian solo porque exista una ley. Cambian cuando el entorno, los incentivos y la información están bien diseñados. Ahí es donde la política colombiana ha fallado y donde existe una oportunidad clara para innovar desde el Congreso y donde Naranjo, como director de C3 -COLEGIO DE CIENCIAS DEL COMPORTAMIENTO, sabe cómo hacerlo.

Cultura ciudadana antes que inflación normativa

Naranjo defiende que muchos de los problemas cotidianos —evasión de impuestos, imprudencia vial, incumplimiento de normas básicas de convivencia— no son fallas morales individuales, sino fallas de diseño institucional. Se legisla como si las personas fueran perfectamente racionales, informadas y disciplinadas. No lo son.

Las ciencias del comportamiento parten de una premisa distinta: los seres humanos deciden con información incompleta, bajo presión del contexto y usando atajos mentales. Ignorar esto lleva a políticas ineficaces. Incorporarlo permite diseñar intervenciones más baratas, más rápidas y más efectivas que crear nuevas leyes o aumentar sanciones.

Una oportunidad desaprovechada en Colombia

En países como Reino Unido, Estados Unidos o Australia, las unidades de comportamiento ya hacen parte del Estado. Se usan para mejorar el pago de impuestos, reducir accidentes de tránsito, aumentar la donación de órganos o prevenir enfermedades. En Colombia, su uso es marginal y fragmentado.

Para Naranjo, este vacío no es técnico sino político. Falta liderazgo que entienda el potencial de estas herramientas y las lleve al centro de la formulación de políticas públicas. Desde el Senado, su propuesta es clara: impulsar un enfoque conductual transversal en el Estado, que complemente —y en muchos casos reemplace— la obsesión por regularlo todo.

Marketing, publicidad y “empujoncitos” bien diseñados

Carlos Naranjo no llega a esta visión solo desde la academia. También es publicista y trabaja en marketing, un campo que, desde hace décadas, aplica principios conductuales para influir en decisiones y hábitos. La publicidad entiende algo que la política suele ignorar: las personas no cambian a largo plazo por imposición, cambian por persuasión.

El marketing, al igual que las ciencias del comportamiento, trabaja con pequeños empujones, señales sutiles y mensajes estratégicos que facilitan elecciones deseables. No se trata de manipular, sino de diseñar contextos que hagan más fácil hacer lo correcto. Trasladar esta lógica al Estado es una decisión pragmática, no ideológica.

Evolución, comportamiento y ciudades modernas

Otro rasgo poco común en la política es el interés de Naranjo por la teoría de la evolución darwiniana. Lejos de ser una curiosidad académica, este enfoque permite entender un problema central del mundo moderno: nuestros comportamientos evolucionaron para entornos muy distintos a las grandes ciudades actuales.

Muchos sesgos, impulsos y reacciones que hoy generan conflictos —agresividad vial, desconfianza, cortoplacismo— fueron adaptativos en otros contextos. El desfase entre esos mecanismos evolutivos y la vida urbana explica buena parte de las dificultades de convivencia. Diseñar políticas sin tener en cuenta este desfase es legislar a ciegas.

Sesgos, heurísticas y política preventiva

Los sesgos y las heurísticas son atajos mentales que usamos a diario para decidir rápido. No son errores; son herramientas cognitivas inevitables. El problema es que, mal gestionados, pueden aumentar accidentes, enfermedades y conflictos sociales.

Aplicados con criterio, estos mismos principios pueden salvar vidas. Mensajes que apelan a normas sociales para reducir accidentes, recordatorios oportunos para mejorar adherencia a tratamientos médicos, o cambios en la forma de presentar información pública para reducir confrontación política. Todo esto ya funciona. Falta voluntad para escalarlo.

Una candidatura atípica, una agenda necesaria

La candidatura de Carlos Naranjo al Senado no gira en torno a promesas grandilocuentes ni a reformas abstractas. Se centra en algo más básico y más difícil: cambiar comportamientos de forma inteligente. Apostar por cultura ciudadana, diseño conductual y evidencia científica no es una moda; es una necesidad.

En un país cansado de leyes que no se cumplen, la propuesta es directa: entender cómo decidimos, cómo actuamos y cómo convivimos. Y desde ahí, construir un Estado que funcione mejor, no porque castigue más, sino porque diseña mejor. Más información sobre la candidatura de Carlos Naranjo al Senado de Colombia en el sitio web www.carlosnaranjo.co